mar 06 2010
En su virtud inscribo (Amores registrales)
Para Amortajadica
Hace algo más de un año, una prima mía me obsequió con dos nichos en el cementerio de nuestra aldea. Hasta ahora no me había preocupado de hacer las correspondientes inscripciones en el Registro de la Propiedad. Pero ahora, ¡ay ahora! Ahora no pienso en otra cosa desde aquel primer encuentro con mi dulce Amortajadica
Nada más verla en el tanatorio, quedé suyo afectísimo por una nota marginal en el Registro de la Propiedad de Madrid. Después, procedimos a un buen cotejo previo para evitar posteriores confrontados. Finalmente, nos besamos en la anotación al margen de la inscripción primera, mientras esperábamos a convertirnos en segunda inscripción.
Y, finalmente, el viernes pasado, el Registrador rubricó al pie del folio 2010, del Libro 78-G:
“En su virtud inscribo el pleno dominio de los amores descritos a favor de los fallecidos, a título de adjudicación, con la subrogación pactada; y a favor del futuro, su ampliación y modificación de su derecho de hipoteca sobre los besos citados en la estipulación sexta.
Así resulta de la escritura otorgada a cuatro de marzo último, ante Los Proscritos, de cuyo primer mensaje fue presentada primera copia en este blog hace ya ni se sabe cuánto tiempo. Madrid, a cinco de marzo de dos mil diez“.
¿No es hermoso? ¡ En su virtud queda inscrito.
Eternamente suyo, y registralmente bendito
Sulleiro
La verdad es que me ha entrado un hormigueo (¿larveo sería más correcto?) al verme inscrita junto a usted. Los dos tiesos, amortajados y unidos legalmente para la eternidad, pero debo confesarle algo. Sí, sí, debo decirle algo importante pues desde que estoy muerta ya no puedo guardarme nada dentro, cosas de la necropsia. Debe usted saber que, desde que descanso en paz, me he vuelto un pendón en toda regla. Amortajadica , sí, pero muy pendón.
Ay, si es que se está tan a gusto muerta y se le pone a una un cutis tan terso… Por no hablar del aura etérea y misteriosa que nunca tuve en vida, maldecida como estuve siempre por una lozanía irritante. Lo cierto es que no me extraña que haya caído usted rendido a mis pies (es un decir, pues me los “rasuraron” y, la verdad, me encantan mis muñones con toque minimalista) porque desprendo un magnetismo fétido que yo misma tengo dificultad para controlarme. Cómo me pongo con esta mortaja y este atractivo mortecino. Si lo llego a saber, me muero antes. Así se lo digo. Toda la vida sintiéndome pelín a disgusto y sin saber que yo nací para estar muerta. Muerta y pendón. Esto sí es vocacional.
Amortajadica y muy pendón,
Doña Vicky (DEP)
¡Ay! ¡Qué me va usted a contar de pendoneos!
Eso es lo que tiene la muerte, que deshinibe mucho. Como ya no tienes miedo a morirte, pues te crees que todo el monte es orgasmo. Mire que fui yo tímido y recatado en vida, y fue cosa de morirme y no dar a basto con tanto deseo incontrolado. ¡Quién nos iba a decir a nosotros que el otro mundo era, en realidad, un parque temático de los gozos!
¿Se cree usted que servidor se hubiera atrevido, en vida, a invitarla a usted a bailar en pleno Museo del Jamón con el coro de taller entonando el Danubio Azul y con Zapata de solista?
Ahora, en cambio, ¿qué me dice usted de esos boleros, costilla con costilla, fémur con fémur, que nos echamos al caer la tarde en el fondo del nicho. Desde que fallecí, me muero de gusto todas las noches. Y es que la muerte es eso: la pura vida del pendoneo.
(Por cierto, no se olvide usted de que el viernes que viene tenemos orgía en el panteón de los García-Peláez).
S.