Abr 10 2008
Sobre la lluvia y los mares
Ayer llovió. Llovió a mares.
Salí de clase, con Antonio. Y taxi arriba llegamos al Paraninfo, para lo de la lectura, con tiempo de sobra. Begoña Regueiro estaba allí, muy en su papel de directora del evento. Muy atenta. Estupenda y entrañable. Y David Torres. Y Álvaro Muñoz Robledano. Y José Cereijo. Y Julio Castelló. Y unos pocos -realmente muy pocos amigos. No seríamos en total 20 entre un aforo de 400. Tal vez llovía, no sé. Puede que hace mucho que esté lloviendo.
Vino Juan Manuel Navas, que no leía, pero que nos quería escuchar. Y vino Borja, tan joven él, tan valiente, acompañado de dos chicas estupendas. Y Luis Felipe Comendador, y Graciela Baquero, y Rafael Pérez Castells, que se perdieron en la lluvia, que no llegaron, tuvieron también sus versos al vuelo, recitados en los libros que habíamos traído.
Hoy también anuncian lluvias. No sé si mares. Y un lobito de mar me acaba de chivar al oído que a lo peor esta tarde llueve tanto, tanto, que es posible que me quede naúfrago, que Lorenzo Silva y que Luis Alberto de Cuenca se pierdan en la lluvia de la tarde torrencial.
Pero Begoña estará allí, porque es mujer que se moja, y Borja estará también allí, porque es hombre que se moja, y Antonio estará allí, porque es mi amigo y se moja, como Juan Manuel, como Julio. Y Lorenzo estará allí, y Luis Alberto también, aunque sea en mis libros mojados, y todos, todos, absolutamente todos mis amigos estarán allí, porque mis amigos se mojan.
Lo sé. Porque hace unos años pasó igual. Y era también tarde. Y hacía frío. Y se jugaba el Real Madrid la copa de Europa. Y llovía a mares.
Y llenásteis la sala, compañeros.

Apena leer la triste crónica del amigo Urceloy acerca del acto de ayer. Y apena, especialmente, que esto le suceda al Urce, porque él es de los que nunca falta a los sitios donde la gente decente tiene que estar.
Yo me había imaginado lo contrario. Pensaba que la lectura de anoche iba a estar llena. Por eso, lamenté no asistir y perderme la fiesta -a cambio, además, de otra actividad más bien penosa; ya se sabe que los gallegos no tenemos límite en esto de complicarnos la vida-. Ahora lo lamento también porque el Urce se haya visto desasistido.
Lo siento, Urce.
Un abrazo
Sulle