Archivo de enero, 2010

ene 30 2010

NIEBLA

Publicado por Jelen en Papeles de Jelen

Estoy cansada ya de tanto llanto,

de tantas ganas de morir,

me tiembla el pulso ya de tanta química.

Sólo me queda la niebla,

el lento caminar hacía las vías del tren,

el silencio ,

el vacío de tus ojos,

el hielo de tu espalda.

Permitir que mis lágrimas corran

por este dolor  que no se pasa,

en esta vida ya sentenciada.

No me deís más consejos.

No me sirven, ni los quiero.

Dejadme en paz, repito, dejadme en paz.

Sólo deseo abrazos en las noches del Norte.

Sólo yo entiendo este infierno.

JELEN

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ene 30 2010

Urceloy lleva pajarita y anda medio triste

Publicado por Sulle en Papeles del Sulle

En Chez Escarpa -La Piscifactoria-  se reúne esta noche una esbelta tropa para escuchar a Jesús Urceloy. Fuera, en la calle, hace un frío del carajo. Dentro, las cervezas cuestan sólo un euro y las copas más severas se negocian a tres euros y medio. Un buen ambiente, buen sonido, buena compañía, ¿qué más se puede pedir en Madrid el último viernes de enero?

El Urce viene hermoso: sombrero nuevo, camisa de rayas azul y blanca, chaqueta oscura y pajarita negra al cuello. Pero viene medio triste, y se le nota. Hace tiempo que el Urce anda echándose tristuras a la espalda. De nada valen los mimos y los arrumacos. Todo lo agradece, pero sigue callado en las tertulias, y mira demasiado hacia dentro.

¡Qué tropa! El Urce está tristón; el Lobo, húngaro perdido; y servidor, “perro” de cuidado. Los demás, aparentemente, vienen que da gloria verlos. Y muy limpios: al abrazarlos notas el pelo húmedo y el olor a champú.

Sin embargo, comienza el recital y ya no importa nada. El Urce nos coge por la cintura verso a verso, y ahí vamos todos: bailoteando versos libres, romances y sonetos. También recitan Robledano, el Rómar y el Escarpa. Noche redonda.

En medio del recital, cuando Urce acaba de leer un poema sobre los temperamentos, se yergue una voz de mujer en el silencio de la sala:

__¡Eso es verdad! Lo digo porque soy médico. ¡Soy psiquiatra!

Inmediatamente, se oyen murmullos: “Hay una psiquiatra”, dicen unos. “Está de guardia”, dicen otros.

Sí. Se trata de la inefable doctora Mortiblú.

La doctora Mortiblú viene hoy con las botas ortopédicas, un vestidito ajustado y unas medias color marrón embolia que, por su tersura y ajuste, deben estar produciéndole una gangrena en los muslos. El vestido es para verlo: de estameña marrón oscuro, tal que parece un franciscano escapado del convento.

__¡Soy psiquiatra! –insiste a grandes voces. 

Urce termina el recital con una de sus más conmovedoras lecturas de Diciembre, un poema tan hermoso como devastador. 

Después, como siempre, cervezas, bares, más cervezas. Para qué nos vamos a engañar: Zeli está preciosa y nos mata de la risa; ¡cómo la echaba yo de menos! El Lobo, como siempre, llega al virtuosismo: nunca está ausente de ninguna exquisitez. ¡De dónde habrán salido esos colmillos tan delicados! Me regala un CD, un par de Ballantine’s y otras muchas cosas. 

Deborah también está guapa, y bien acompañada. Se la ve alegre y contenta. El camarada Ignacio, tan suave y discreto, se va colando por todas las rendijas. Y Margarita nos deja, siempre, en medio de la orgía para cuidar de su niño. 

Después de varias cervezas y no se sabe cuántas tapas, la tropa se dispersa en el Paseo de las Delicias. La doctora Mortiblú, como si fuera mi “Nana”, nos husmea a todos. Al parecer, yo no huelo a nada. Menos mal que también está Marisol, que me besa y dice: “Sí que hueles; hueles a Sulle”, y uno se muere de agradecimiento. 

Una cálida noche del invierno, aunque el Urce lleve pajarita y ande medio triste.

Sulle

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ene 29 2010

Índices de audiencia

Publicado por Antonia en Papeles de Antonia

Es fantástico; en mi Departamento nos pasamos la vida llevando la cuenta de cuánto leen nuestras publicaciones, estimando factores de impacto, índices de lectura, número de citas, número de citas al cuadrado por la raíz del número de veces que citan a quienes nos citan, a su vez multiplicado por el número de páginas. Nos pasamos la vida acechando los contadores, siempre con la tentación de inflarlos un poquito, de maquillar todos los indicadores para pensar que nos leen, que a alguien más que a nosotros le importa las consecuencias de la deflación y el credit crunch, o la evolución de la tasa de paro y, sobre todo, nuestras fantásticas ideas para solucionarlo todo y dejar las estadísticas económicas más limpias y lustrosas que un diccionario recién estrenado (vaya a la hache para saber qué puede hacer para solventar el problema del mercado hipotecario, y si no encuentra al solucion vaya a la jota de jodido) y creer, por una vez creer, que somos inmensamente felices (la felicidad es tan fácil, se trata de añadir muchas efes al argumento), y ricos (nuestro sueldo depende, en parte, de esos índices y más aún nuestra vanidad y esa cosa tan sesuda que es “el prestigio”), y que la mano invisible de Adam Smith sirve para algo más que para limpiarse el trasero… y vienen estos proscritos haciendo unas pedorretas y, hala, al número uno de la popularidad cibernética…. no es justo, no…

Antonia

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ene 29 2010

¿Quién demonios sois?

Publicado por Sulle en Papeles del Sulle

Esta mañana se me ha ocurrido la infausta idea de mirar las estadísticas de Los Proscritos. Y veo, con sorpresa y estupor, que durante estos 28 días de enero han sido leídas 7.829 páginas. Algo más de 1.300 incautos se han paseado por el blog y, lo que es más grave, han visitado una media de 7 páginas cada uno. Ahora bien, lo que no tiene explicación es que tengamos 450 lectores “fijos”, vamos de plantilla. Es más: 440 desconocidos nos han añadido este mes a la lista de favoritos.

Menos tu vientre todo es oscuro, que dijo el poeta. ¿Alguién puede explicame que nos hayan visitado 74 veces desde Japón?

Lo más tierno es ver algunas de las búsquedas en Google que nos han traido lectores. Por ejemplo: “Helena Rodríguez nunca de sus ojos”, “Cosas sobre la nieve” o “palabras raras de amor”.

Pero, ¿quiénes demonios sois?

Yo creí que sólo nos leíamos entre nosotros. A partir de hoy no volveré a estar en el blog con pijama, y me peinaré bien antes de escribir mis textos.

Miro la estadísticas y siento un escalofrío:

Mamá: ¿estás ahí? ¿Me has añadido a favoritos? Ahora, después de medio siglo sin escucharme, ¿resulta que me lees?

sulle

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ene 28 2010

Estamos desvelados

Publicado por Sulle en Papeles del Sulle

De verdad: con Morticia se me acumula el trabajo. Le debo tres mensajes privados, y dos comentarios en el blog. Encima, esta noche, doblando el Cabo de las Tormentas (quiero decir la calle del Pez, pero es que hacía un frío austral) me he dado de bruces con ella. Darse de bruces con la Morticia siempre es un placer, porque te llevas un surtido de abrazos.

Antes, con la Morti, en vez de darnos de bruces nos dábamos de bofetadas, que también era distraído, y nos pasábamos las tertulias con un variadísimo intercambio de insultos, frases despectivas, exabruptos y mutuos desdenes. En definitiva: una gloria. Pero todo lo bueno es efímero, y ahora resulta que nos llevamos como si ambos fuéramos personas educadas y afables. Es lástima: no es fácil encontrar enemigos de valía en los tiempos que corren. A veces, cuando ya íbamos por la tercera barra de bar y por la segunda botella de vino, me daban ganas de postrarme de rodillas, tomarle las manos y gemir:

__ Hace tanto tiempo que no discutía con ninguna mujer como he discutido hoy contigo. ¡Te detesto!, vida mía.

Pero no hubiera sido verdad. Todos y todas hemos tenido esas (esos) amantes que dicen: “Jamás he querido a nadie como te quiero a ti”. Y todos y todas sabemos la tediosa verdad que se esconde tras esos ojos que siempre te miran a ti como “nunca” antes han mirado a nadie. No; yo he discutido, he insultado, y me he peleado con mucha gente. Gente extraordinaria, de la que guardo recuerdos imborrables. ¡Qué le vamos a hacer! Uno es, emocionalmente, impresentable. Además, la Morti está en periodo de formación todavía. A veces, dispara antes de apuntar, como llegó a decirse del general Primo de Rivera. Pero dispone de talento y ternura. Tiene, por tanto, una prometedora carrera por delante. (Bueno, tampoco es mala la perspectiva que tiene por detrás).

En uno de sus “entradas” al blog, Morticia agradece un ingreso en Los Proscritos y hace no pocos elogios de este cotolengo lleno de poetas malamente medicados y aún peor diagnosticados. Es de agradecer la gentileza de la Morti, pero, al igual que una idea no es responsable de las personas que la defienden, Los Proscritos no se hacen cargo de sus miembros. Si nos pusiéramos literariamente cursis, diríamos que Los Proscritos, como algunos paisajes descritos por Carver, no son un grupo, sino un estado de ánimo.

Por ejemplo, de vez en cuando, el Lobo se pone “húngaro”. O yo, como dice Jelen, me vuelvo “perro”. Ser “proscrito”, creo yo, es lo mismo: es un estado de ánimo. Uno está proscrito o no lo está. (¡Ya, ya lo sé: se puede ser proscrito por temperamento o caracter, pero eso es otra cuestión).

¿Qué determina la naturaleza de un proscrito? La pura y simple y necesidad de tener cerca a otro proscrito con el que jugar -en el cobertizo de Guillermo Brown-, al que leerle versos, y al que abrazar, besar, manosear, etc., con una desvergüenza que resultaría intolerable en cuaquier ámbito social civilizado.

Por todo lo anterior, la proscrita Morti sólo puede hablar de ingreso en Los Proscritos como un ejercicio retórico propio de su cortesía de niña pija. Si ella está aquí es por lo mismo que nosotros: ¡¡Porque no nos admiten en ningún otro sitio!! Está, además, preocupada por inundar este blog. ¡Pero si aquí no escribe ni dios! Ya verás, ya. Aqui, por ejemplo, se practica la elegancia social de no comentar jamás los textos ajenos. Solamente los descamisados como yo, -proletarios digitales y clase de tropa, que diría Escrivá de Balaguer-, flaqueamos alguna vez ante la tentación y terminamos comentando las entradas de otros.

No se preocupe doña Morti, este blog es, parafraseaando dos buenos versos suyos:

Yo no quiero un blog dormido
Quiero alguien como tú que me desvele

Desvelados estamos.

Boas noites.

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ene 21 2010

La doctora Mortiblú tiene la visión borrosa

Publicado por Sulle en Papeles del Sulle

Me mata. A mí la doctora Mortiblú me mata de risa. ¿Dónde habrá encontrado el Urceloy semejante ejemplar de Violeta Isabel. ( Para conocer más a Violeta Isabel Pott, ver la colección The Outlaws -Los Proscritos- , de Richmal Crompton, de cuyas novelas ha tomado este su blog su glorioso nombre)

Hoy sabemos que la Mortiblú ha ido al oftalmólogo. Y, merced a su Sonetósforo Combi, sabemos también de sus desfallecimientos morales frente al teléfono móvil. No podemos por menos que solidarizarnos con ella mediante un soneto-express con estrambote, de esos que nos enseñó a hacer el Urceloy en menos que canta una gallo, siempre que el gallo no tenga voz de bajo y cante el segundo acto completo de La Traviatta. Sea:

Soneto a la Mortiblú con guarnición de Tranxilium

Vengo del oftalmólogo ahora mismo
porque tengo la vista ya borrosa
de estar mirando el polvo que reposa
en mi móvil carente de lirismo.

Por más que yo fallezca en el abismo
esperando que suene, siempre ansiosa,
esa llamada tuya tan gozosa,
resulta que tú sigues con tu autismo

sin mandarme un mensaje esta mañana,
sin darle a mis agobios cobertura.
¡Así te parta un rayo!, amor mío

¿Para qué cogí yo tarifa plana?
¿Para tener por novio esta tortura?
¿Para hacer de la piel un montepío?

Creéme si te digo:
que se puede esperar incandescente,
pero nunca se espera enternamente.

Y una vez escrita la anterior gilipollez, mejor os pongo aquí aquellos deliciosos versos de Jorge Manrique sobre los pesares amoroso:

Si Dios, porque en vos adoro;
si vos, pues no me queréis;
pues sin mi ya está de coro
que vos sois quien me tenéis
(…)
yo soy el que, por amaros,
estoy, desde que os conocí,
sin Dios, sin vos y sin mi.

En fin, que esto de la dermatología ya es ciencia que viene de lejos.
Sulleiro

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ene 20 2010

Enero

Publicado por Claudio en Papeles de Claudio

Me duele el pecho ya de tanto tiro,

de tanto rey de bastos en las cartas.

Me duele ser tan borde y tan borracho,

ser, tan inútilmente compulsivo.

Me duele no esconderme en la trinchera

y ser por una vez más vulnerable.

Me duele no llorar por los ausentes

y no saber gritar este vacío.

Me duele el alma ya, me duele el alma

y no me sé quitar de los disparos.

Claudio, enero 2010.

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ene 20 2010

Por fin, besos con lengua

Publicado por Sulle en Papeles del Sulle

El taller de hoy se nos ha ido, otra vez, de las manos. Todo era, o quería ser, un obsequio para Claudio. Y así no hay modo de hacer nada: ni talleres poéticos, ni revoluciones sociales, ni siquiera una paella para doce  en el jardín de un chalé adosado. Con decir que hoy no hemos podido ni follar en clase, está dicho todo. 

Eso sí: Claudio ha cumplido con su compromiso, y todos hemos disfrutado del beso con lengua que nos tenía prometido. Y la cosa es que, oye… ¡Claudio besa estupendamente!, vamos que no veo yo la necesidad de limitar estos besos al ámbito pre-quirúrgico. Yo, al menos, reclamo mi ración de labios claudinos sin que haya biopsias de por medio.

En clase, la gente va dedicando sus poemas a Claudio. Y Claudio se mosquea: 

__ ¡Joder! Si esto es antes de la operación… como salga mal y la palme… ¡a ver qué guardáis para mi homenaje!

Y servidor, que es gallego, y por ende pesimista, no tiene más remedio que rendirse y admitir que tenemos boca de Claudio para muchos besos.

Después, la debacle

 Salvo el beso de Claudio, y los mimos de Jelen y Elisa, el resto del taller ha sido una pura humillación. Miguel ha perpetrado seis liras blancas que daba envidia oírlas. Por ejemplo, la IV:

 La ruina me explica
y me obliga a mirarla para verme.
No ha llovido bastante
para hacerte memoria
del esplendor previo a tu existencia.

El poema de Claudio, en cambio, era propio de un verdugo eficiente; es decir: nos ha puesto un nudo en la garganta. No se puede entresacar un solo verso. Hay que disfrutarlo entero, como un beso.

La humillaciones de Juan Hospital ya no hacen daño: estamos a acostumbrados. En el justo centro de un cuartilla milimétricamente cortada, leemos el final de su poema:

 (…)
Creo en el hombre
en la mujer de espíritu antropólogo
en el hueso pasado en los presentes
en el destino óseo de mi gesto

Claudio apenas toma notas en su cuaderno nuevo. Y Jelen lee:

(…)
Me he levantado muerta.
He arrastrado mi cadáver hasta el sofá
y lo he conectado a internet.

El Lobo lee el poema para Claudio que podéis encontrar en este blog, y se enzarza conmigo en un cruce de frases: “El hambre es un estado pasajero”, “el hombre es un estado pasajero”, “el hombre es un estado pasajero para el hombre”…. hasta que Urceloy nos riñe por enésima vez. 

Y yo, que soy el último, leo un poema dedicado a Jelen

Hoy visto una camisa de regalo
y una piedra de mar en el bolsillo.

Por eso, hoy más que nunca,
pido a tu viva voz
-boca de santo y seña-
que me dé su palabra entre mis labios. 

(Está nevando tanto en la autopista
que este viaje tiene alma de juguete
)

 También leo otros tres poemas, que los asistentes escuchan con ejemplar respeto y consideración.

Y en esto llegó Fidel 

Ya estábamos poniendo proa hacia el bar de todas las biopsias cuando, de repente, aparece la doctora Mortiblú.

¡Qué hermoso y digno gesto! (Es de suponer que los barcos siempre se abarloan como más conviene al tiempo que hace en cada puerto. Para más información, ver el mensaje abarloados).

Esta noche, la doctora Mortiblú trae los colmillos cargados con veneno de fogueo, y el cuerpo lleno de ovillejos. No en vano tiene una llamada en el móvil (cosa de Jüng), y se ha comprado esta tarde un televisor Thosiba Full HD.

Las tres horas siguientes pertenecen al secreto del sumario. Para mí que no pasó un sólo minuto en balde. (De hecho, pagamos cincuenta euros en vinos y cervezas). Tampoco hubo ningún abrazo, ningún beso, en balde al despedirnos.

 Creo que todos regresamos a casa en taxi. Todos menos Claudio, que prefirió dar un paseo y volver solo.

Sulleiro

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ene 18 2010

¿Cómo se baila una canción de cuna?

Publicado por Sulle en Papeles del Sulle


Un tal Sulleiro, a mediados del siglo pasado.

 

La dicha es la canción de cuna
que sus labios exhalan mientras los va cerrando”
(Poemas a mi muerte, Chantal Maillard)

 

La eminente doctora Morticia de Bobary, del Lascivious Silikon’s Valley Center, debe saber mucho sobre este asunto. Al fin y al cabo, ella es autora de importantes tratados sobre la influencia de los senos en las sociedades desarrolladas (como, por ejemplo, Phenomenology of the nipple and sustainable development- MacGraw Hill-, y Theorie und Praxis der Therapie mit Milchdrüsen, publicado recientemente en la Gaceta Mamaria de la Baja Renania).

También los psicoanalistas han debatido la cuestión y, después de mucho leerles, uno acaba por concluir que, dicho de forma sencilla, entre la muerte y nosotros apenas queda sitio para una canción de cuna.  (Es curioso,  pero hay muchos hombres que no necesitan saber tal cosa para vivir aceptablemente, incluso para ser concejales de Urbanismo en sus respectivos ayuntamientos. Al parecer, sólo los que nunca escucharon una voz materna entonar un canción infantil temen tanto a la muerte que ni a vivir aprenden).

Como muy bien sabría prevenirnos la doctora Morticia de Bobary, los seguidores de la escuela psicosomática parisiense de Pierre Marty antes se dejarían arrojar al Sena con un yunque atado a los tobillos que negar el papel clave que tiene la figura materna al interponerse entre el bebé y la angustia.

La verdad es que mucho antes de Pierre Marty publicara sus famosos libros sobre el instinto de la vida y el instinto de la muerte, Pedro Salinas ya le escribía algo muy parecido a su novia, Margarita Bonmmatí, en su correspondencia de 1913, cuando Salinas tenía 22 años:

¡Que gratitud te guardo, mujer, por aquel día
en que yo estaba triste y a tu boca vinieron
por consolarme unas palabras que otro día
del pasado dijeron
los labios de mi madre!
(…)
Palabras que yo no supe agradecer entonces
porque no conocía la profunda
tristeza que se esconde
tras el llanto de un niño, en una noche
de miedo, en el invierno

Sospecho que esas palabras se escuchan en dos lugares: en la cuna y en el amor. Quién las escuchó, de niño, en la cuna reconoce,  más tarde, su sentido cuando las oye de los labios deseados. Pero quien no las escuchó de niño tampoco podrá reconocerlas de adulto. La canción le producirá entonces una emoción incomprensible, y esa misma emoción le atará al amor despiadadamente. (Para más información sobre amor y piedad, consultar The tits and piety: from Shakespeare to Joyce, Morticia Monster et al.)

(A veces me pregunto qué tenemos algunos donde otros tienen a su madre. La semana pasada se lo pregunté a una mujer más que deseable -aprovechando que ella tenía los ojos desabrochados en ese momento-, y no quiso decirme nada. Eso sí: me dejó  en la boca un delicioso sabor a ginebra con limón y a humo de tabaco)

 

Sulleiro

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ene 18 2010

Va por ustedes

Publicado por Claudio en Papeles de Claudio

Como quiera que no tengo palabras

a tanto amor y tanta desmesura

que, por no merecida, me desborda;

quiero advertir y advierto

que este martes sin falta

repartiré con osadía besos,

mayormente con lengua,

sin distinción de raza o propiedades

que del sexo hablaremos sobre el terreno mismo.

Claudio, enero 2010.

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