dic 31 2009
Archivo de diciembre, 2009
dic 19 2009
Gracias a todos, gracias
No hay ovillejo sin dos.
¿Dónde está la clase entera?
¿Fuera?
¿Qué pone a Claudio palote?
¿El bigote?
¿Por qué me lo hacéis creer?
Joder.
Si por en el cielo arder
anheláis besos con lengua,
para prevenir su mengua,
Fuera el bigote, joder.
Claudio, diciembre 2009.
dic 18 2009
Claudio, académico de la lengua
Día de grandes celebraciones, que bien valen, de momento, un ovillejo.
Proscritos: ¿Estáis beodos?
¡Sí, todos!
Algo habrá que os tenga presos.
¡Los besos!
¿Y qué es lo que a Claudio amengua?
La lengua.
Ya veréis como desmengua
si, ahora, para animarle
ya nos ponemos a darle
todos los besos con lengua.
Sulleiro
dic 13 2009
Ahora sí que hace frío
Esta noche, al salir del Auditorio, nos hemos dado de bruces con un viento tan frío que parecía venir de la mismísima Austria. Frente a ese viento feroz, y bajo un cielo sin nubes, nos han vuelto a la cabeza las estrofas finales del concierto:
Oh mundo, ¿presientes al creador?
¡Buscadle sobre la bóveda estrellada!
Debe morar más allá de las estrellas.
La Novena de Beethoven. ¡Qué buena noche de sábado para este último mes del año!
Desde la alta galería en la que Urce nos consiguió las últimas entradas disponibles, hemos visto a Zelia, nuestra soprano favorita. Y desde allí hemos aplaudido como dignos representantes del melómano pobrerío: el Urce, Marisol, Carmen y el maestro Claudio, el Lobo, Alicia y un gallego constipado.
Después, como siempre, nos hemos dado a la salvífica liturgia de la cerveza y los abrazos. (Lo mejor de los poetas es que se pasan el día, y alguna que otra noche, intercambiándose besos y abrazos).
Y, a final, de vuelta a casa, otra vez ese viento tan frío que “debe morar más allá de las estrellas“. Por lo que se ve, el viento del creador es cosa que hiela la sangre. Menos mal que Marisol nos trae hasta casa en coche.
Sulleiro
dic 03 2009
Tres de diciembre: All’alba vincerò!
Tres de diciembre: se acumula el trabajo.
En un sólo día hemos estrangulado un tumor, dos cirujanos y una égloga de Garcilaso.
Menos mal que teníamos reservas sentimentales para eso y mucho más.
El martes, de madrugada, Urceloy tuvo la piedad de leerme por teléfono los poemas de Claudio, del Lobo, de Margarita, de Jelen, de Miguel y otros.
El Lobo cada día afila más su versos, y Claudio, en cambio, se derrama en exquisiteces tan finas que casi son transparentes.
Margarita -¡qué descubrimiento!- nos desarma con tal sensualidad que uno no sabe dónde poner los ojos después de cada estrofa.
Don Miguel, siempre en guerra entre las corbatas y el corazon.
Los versos de Jelen son otra cuestión. Lo suyo parece el poema de una mujer no cabe dentro de sí misma. Necesitaríamos más de una vida para compensar a Jelen por tantas cosas irrepetibles, como las días de Asturias, las cenas de Villalba, o las madrugadas madrileñas.
Nos espera un dicembre con los bisturíes en alto, pero ahí está el Turandot, de Puccini:
All’alba vincerò!
vincerò! vincerò!
El Estrangulador Sulleiro
