may 30 2009
Estrangulado el tren Talgo de las 9,20

Para Ruth, devotamente
“Según informó hoy la Delegación del Gobierno, efectivos de la Guardia Civil han encontrado esta mañana el cuerpo sin vida del tren Talgo de las 9,20 en el andén número dos de la estación de Palencia. Fuentes de la investigación señalaron a la agencia EFE que el Talgo de la 9,20 presentaba claras señales de estrangulamiento. Las mismas fuentes no descartan que el crimen sea consecuencia de un ajuste de cuentas”.
Eso es todo. Una gacetilla en los periódicos. ¿A quién le importa un tren cuando pasan cientos de ellos todos los días? Dice la nota de prensa que podría tratarse de un ajuste de cuentas. ¿Y qué otra cosa puede ser el estrangulamiento de un tren? Nada dice, en cambio, de las circunstancias: ¿por qué el Talgo descendente?, ¿por qué el de las 9 y 20 y no cualquiera de los otros que viajan hacia Madrid? ¿Por qué un sábado por la mañana? ¿Por qué hoy, y no ayer, o durante el invierno anterior?
Después de tantos años en el oficio, no me es dado creer que haya casualidad alguna en el estrangulamiento de un tren. Puedo decirlo por mi mismo. Yo jamás habría estrangulado esta mañana un tren que no fuera el de las 9 y 20. Y no lo habría hecho tampoco si hoy fuera martes o jueves. Ni mucho menos si ayer no hubiera visto el cuello de esa violinista de muslos infantiles que echó la cabeza hacia delante, como si buscara una partitura caída, justo al comenzar el adagio de la Novena.
No importa que un estrangulamiento tenga la heroica perfección de Beethoven o la deslumbrante ambigüedad de Mozart. Lo que importa es, precisamente, eso que suele pasarle inadvertido a los investigadores. Por ejemplo, que una hora antes de que el Talgo de las 9 y 20 dejara de respirar sobre las vías, yo estaba estrangulando la casa del factor de circulación de la estación de Palencia. ¿Un ajuste de cuentas? De momento, han dicho que la casa del factor se cerró a causa de una accidente.
Da igual lo que pongan en los papeles. Tengo experiencia en estas cosas. La gente se impresiona cuando ve un Talgo muerto en medio del campo; pero, el oficio es el oficio, y el oficio enseña que ningún tren fallece sin que alguien estrangule primero una de las casas que lo ven pasar. Lo mismo sucede, creo yo, con esa violinista de cuello tan vivo y muslos infantiles.
El Estrangulador Accidental



Son las doce del seis de Mayo de 2009, me parece un buen momento para decir Buenos días. Hace mucho que no hago una aportación a este blog, realmente hace mucho que no hago una aportación en ningún sitio. Pero acaba de nacer mi hija y me ha parecido buena idea comentarlo con el mundo, quede claro que no sirve como aportación porque es compartida: Livia y un poco yo, por eso de la semillita. Para el que lea hoy este texto hace un mes ya, para mí sólo hace un día, pero un día de 720 horas. Me vais a permitir que ponga en esta Web un soneto a la única cosa perfecta que he hecho en esta vida: Mi hija Amaya. Me gustaría que dentro de unos años, esté a su lado o unos metros por debajo, supiera que su padre llenaba cada día con su pensamiento y que ella estaba presente en su vida desde que sonaba el despertador.