mar 30 2008
La cena
Hace tiempo, Urceloy me puso, como ejercicio de taller, la tarea de escribir un poema que comenzara con la frase: “Esta noche he ido al hotel para robar en la sala del piano“. Digo yo que bien me puede valer esa misma frase para perpetrar, ahora, un relato dedicado a Juan y a Enrique, con tanto afecto como agradecimiento.
Esta noche he ido al hotel para robar en la sala del piano. Pero, cuando entré en la sala el pianista aún seguía allí. Estaba solo, sentado en la banqueta del piano, cenando una ensalada de pollo con verduras. Debe de ser uno de esos pianistas que se traen la cena preparada desde casa. Sin embargo, este pianista es un hombre raro. Tiene los ojos pardos, y usa unos primorosos platos de porcelana rosa, que saca de una cesta de pic-nic muy gastada.
Como a mí no me gusta robar delante de pianistas desconocidos, me disculpé enseguida.
__ Perdone, no he querido molestarle.
__ No es ninguna molestia. ¿Le apetece a usted un poco de pollo con verduras? Lo he preparado yo mismo -dijo.
__ No, muchas gracias. Esta noche se me ha hecho ya muy tarde.
__ ¿Venía usted a robar?
__ Sí. Venía a robar.
__ Pues, por mi, no lo deje. ¿Va a robar algo en especial?
__ Pensaba robar las partituras.
__ ¡Imposible! El gerente las guarda las partituras en la caja fuerte. ¿Por qué no roba usted los candelabros? Casi todo el mundo roba los candelabros.
__ Es que ya tengo muchos candelabros.
Entonces fue cuando el pianista dejó el plato de pollo con verduras y dijo:
__ Podía usted robarme a mí.
__ Pero es que yo no tengo piano.
__ Mejor, porque el piano sólo sirve para estorbar. Lo importante es que yo cocino muy bien. Y se ve que a usted le está haciendo falta comer bien.
__ Sí. Me hace falta comer bien. No sé qué decirle. Vivo en un piso muy pequeño.
__ Se lo suplico. No se imagina usted lo que es pasarse las noches aquí, cenando ensalada de pollo con verduras, sin que nadie quiera robarme. Todo el mundo roba los candelabros y deja al pianista.
Así que esta noche he robado al pianista y lo he traído a casa. Nada más llegar, se ha metido en la cocina y, con un par de cosas que había en la despensa y el pollo sobrante del concierto, el pianista ha preparado el mejor arroz con pollo y verduras que he comido en mi vida.
Al terminar la cena, después de apagar los candelabros, y guardar la vajilla de porcelana rosa en su cesta de pic-nic, le he dicho:
__ Está usted muy pensativo.
__ ¡No! ¡Es que me siento tan feliz! Fíjese: esta mañana, al despertarme, sin venir a cuento, tuve el presentimiento de que, por fin, alguien vendría esta noche al hotel para robarme.
Sulle

