Archivo de la categoria 'Papeles del Sulle'

sep 09 2010

A veces, es difícil amar a un mariscal de campo

Publicado por Sulle en Papeles del Sulle

Llevo 48 años escribiendo sobre mi madre, y ahora, que está muerta, me resulta difícil hacerlo. La verdad: no sé si me he quedado huérfano o es que me han desmovilizado.

Otros hijos han aprendido de sus madres cocina, matemáticas, paciencia,  sentido de la ternura o idiomas. Yo, no. Yo aprendí de mi madre táctica, estrategia, logística, astucia, contraespionaje y combate cuerpo a cuerpo.

Alejandro Magno,  Julio César,  Aníbal, Napoleón… y mi madre.  Así es la Historia. Guerrera implacable,  mi madre jamás fue derrotada. Ganó las batallas grandes, y las pequeñas. Venció en las guerras y se impuso en la paz. No hubo funcionario, vendedor, vecino o ministro que no terminara por rendir sus armas ante mi madre.

Tal vez no debiéramos de haberla llevado al cementerio en un coche fúnebre sino en un armón militar, cubierta por la bandera de ningún país. Tal vez debiéramos de haberla rendido honores castrenses.

Puede que lo hayamos hecho todo mal. Pero es que nosotros, sus hijos, hemos sido más bien tímidos  y cobardones.  Nunca tuvimos un concepto claro de la victoria, y así no se llega a ningún sitio. Ahora, desaparecido el jefe, la tropa  se licencia y vuelve a casa.

¡Es tan difícil, a veces,  amar a un mariscal de campo!

Sulleiro

Un comentario

sep 07 2010

Esto… nosotros…, bueno, diríamos que…

Publicado por Sulle en Papeles del Sulle

¡Tiene delito! Toda la vida dedicado a escribir, y ahora no sé cómo redactar estas pocas líneas. Debiera de ser algo sencillo. Al fin  al cabo, sólo se trata de dar las gracias a todos los que nos habéis acompañado estos días. A todos los que habéis compartido con nosotros agobios, cervezas, cenas y paseos de en este infausto verano.  Sin embargo, no es fácil hacerlo ¿Cómo deciros hasta dónde nos ha llegado la ternura de vuestro afecto?

Alicia y Sulle

No hay comentarios

sep 05 2010

Son los hombres los que pagan al gobierno

Publicado por Sulle en Papeles del Sulle

Nunca sé qué decirle a esa gente que descubre por si misma lo que yo tengo guardado. Porque esa gente, a la vez que me deja mudo, también  me llena de  ternura. Y, entonces, sólo me queda mirar hacia cualquier otro lado.

Sabéis de lo que hablo: cosas muy sencillas: una frase, una caricia, una abrazo, una cena o un beso.

Ya estamos en septiembre.  Esta noche han regado algunas calles, y volvemos a casa pensando en unos versos  de Gil de Biedma, apenas esbozados por Antonia:

De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España,
porque termina mal
(…)

(….)

Porque quiero creer que no hay demonios.
Son los hombres los que pagan al gobierno.

Hombres  como los que componen la Novena, escriben Madame Bovary o nos salvan de morir abrasados en un incendio

J. Sulleiro

2 comentarios

sep 04 2010

Voces

Publicado por Sulle en Papeles del Sulle

Cada voz tiene su tono, su color, su timbre,  su textura. Cada voz resuena en el alma con su propia  historia, con su biografía, distinta a todas.

Cada voz es un mundo.

Hay voces  de todos los días. Unas son panzudas y quejumbrosas; otras son taimadas, y algunas son tan falsas como un poema mal plagiado. Diríase que hay voces para cualquier negocio y circunstancia.

Pero, también hay otras voces. Por ejemplo, las que  oyes cuando comienza la tormenta, o  las que te atienden con afecto  durante los días amargos. Son voces que no se olvidan.  Para esas voces escribo esta noche, con ternura y agradecimiento.

J. Sulleiro

No hay comentarios

ago 22 2010

Ciudad de mi infancia

Publicado por Sulle en Papeles del Sulle

Agosto. Sofocante  noche de sábado. Madrid es un puro desierto. Y, cerca ya de la madrugada, no sé por qué, me vienen a la cabeza unos versos de Pessoa. Versos que tienen que ver con Claudio, con Antonia, con Marta, con Zelia, con mis hermanos Ángel y Javier.

(…)

Otra vez te vuelvo a ver,
ciudad de mi infancia, angustiosamente perdida…
ciudad alegre y triste,  otra vez te sueño aquí…
¿Yo? Pero, ¿soy el mismo que aquí vivió y aquí regresó,
y aquí volvió a regresar, a regresar?
¿Y aquí de nuevo volvió a regresar?
¿O somos todos los Yo que aquí estuvieron y estamos,
una serie de cuentas-seres ensartadas en un hilo
de la memoria,
una serie de sueños míos por alguien que se encuentra
fuera de mí?

(…)

De Lisbon Revisited, Fernando Pessoa

Sulleiro

No hay comentarios

ago 22 2010

Seguimos igual, o peor

Publicado por Sulle en Papeles del Sulle

Una  docena larga de lectores de este blog han expresado -en mejores o peores términos- su disgusto por el largo periodo de inactividad de Los Proscritos. No les falta razón. Dijimos que íbamos a realizar una remodelación del sitio en julio, y aún no hemos hecho prácticamente nada. Lo siento

La gente amiga  está al tanto de las causas que han motivado este abandono temporal del blog. Y, como las circunstancias siguen siendo hostiles, no parece fácil que podamos dedicarle mucho tiempo a este asunto en las próximas semanas. Dicho en pocas palabras: que, de momento,  dejamos el blog como está, y ya iremos incorporando las nuevas secciones en los meses venideros.

Abrazos del

S.

No hay comentarios

jun 29 2010

Sobre dos versos de Antonia

Publicado por Sulle en Papeles del Sulle

Anda uno estos días dándole vueltas a ciertos versos de don Jorge Guillén, como, por ejemplo, aquellos de:

Y el dolor, por asalto, con abuso,
Nos somete a su siniestro poderío,
Que desgobierna al fin un orbe obtuso
De hiel, de rebelión, de mal impío.

Y, como una corriente submarina, me vienen a la cabeza dos versos de Antonia:

(…) no quiero decir más
que aquello que, al callarlo, duela.

Ya en su día le pregunté un par de dudas sobre ellos, que Antonia me aclaró. Pero se ve que la marea de Guillén, – o, al menos lo que yo busco en ella- se acaba mezclando con la corriente submarina de la Díaz Rodríguez.

¿Qué puede ser eso que, al callarlo, duela? O para preguntarlo de otro modo: ¿qué es eso que deja de doler cuando lo hablamos? Le busco una y otra vez la trampa y encuentro varias posibles, pero ninguna me convence.

El dolor -Guillén dixit en su Clamor, Maremágnum- nos asalta con abuso y nos somete en el desgobierno de rebelión, de mal impío. ¿Quién es capaz de expresarse- si no es a gritos- en el momento más intenso del dolor? ¿Quién con hablarlo se alivia? Todos sabemos que el dolor, cuando llega a su fondo, nos petrifica, nos silencia, nos mata o enloquece.

(No créais nunca en las lágrimas y aspavientos del poeta agraviado, ni en lo gritos y alborotos de un o una amante en pleno enfado. No tienen que ver con el dolor. Son otra cosa)

Como bien nos advirtió Urce, de la pérdida -y de su dolor- sólo puede escribirse cuando el tiempo nos ha devuelto la capacidad de mirar a la cara de quiénes éramos cuando nos llegó el dolor. Es verdad: un dolor siempre termina, aunque sea con la muerte o la incosciencia. El sufrimiento, en cambio, no. Se puede sufrir toda una vida. Podemos escribir con sufrimiento, y, por tanto, podemos escribir desde la representación del dolor.

¿Esa es la trampa de los versos de Antonia? ¿Nos escamotea el sufrimiento por el dolor? Entonces sí, entonces me salen algunas cuentas. Escribir desde el sufrimiento es tan natural como decir “te estoy queriendo”: al fin y al cabo, en ambos casos se trata de poner el deseo en relato para que siga existiendo.

Boas noites

Sulleiro

Un comentario

jun 27 2010

¿Es santo un frenillo?

Publicado por Sulle en Papeles del Sulle

He visto por televisión un interesante reportaje sobre reliquias de santos. Se ve que la Humanidad se parece a mi madre: su historia se cuenta por guerras y catástrofes, pero, tanto la Humanidad como mi madre guardan de todo, por si acaso. Mi madre, por ejemplo, conserva hasta las radiografías de mi abuela, muerta en 1977. La Humanidad, en vez de radiografías, guarda trocitos de santo. Aquí un corazón, allá un cráneo, en el otro medio litro de sangre, licuada o sin licuar.

No me parece mal que la parte de Humanidad afecta a Dios guarde alguna ración de sus santos. Mientras los cristianos veneran reliquias no hacen nada peor. Sin embargo, me llama la atención que, por lo visto en el reportaje, los restos de santos y santas más venerados siempre pertenecen a las partes nobles del cuerpo. La gente se arrodilla y reza ante el corazón de un santo, ante su brazo incorrupto, ante su dedo índice, pero… ¿y su páncreas? ¿Su próstata?

Entonces me pregunto, cuando la Santa Madre Iglesia canoniza a cualquier mártir, ¿son todas sus piezas igualmente santas? ¿Es santa la vesícula biliar? ¿Es santo, y por tanto venerable, el escroto? ¿Y los pechos, los ombligos, la lengua?

Dicho de otra manera: ¿Pueden ser más santas unas más partes que otras? Tal vez las partes de un individuo no contribuyan de igual modo a la magna obra de la santidad.

Santos habrá a cuya gloria habrá contribuido más el sistema digestivo, como es el caso de los eremitas sometidos a intensos ayunos. En otros santos, serán las cápsulas suprarrenales las más meritorias, al controlar el flujo de adrenalina, y noradrenalina, contribuyendo así a heroicas paciencias como las del Santo Job.

¿Por qué, entonces, este olvido tan injusto? ¿No fueron santas las pleuras y los píloros, el duodeno o el frenillo?

Temo que el reportaje de la televisión ha alborotado mis ansias de Eternidad. Me miro los pies y les pregunto:

__ ¿A dónde me lleváis? ¿A la Santidad? ¿Al Psiquiátrico? ¿A la ventana?

Y ellos me llevan a la cocina, a buscar un poco más de hielo para este gin-tonic que ya empieza a calentarse. Dentro de cien años, en algún ateneo anarquista se venerará mi mano derecha: “Con esta mano se servía las copas San Sulleiro”. Y mi madre, seguirá guardando mis radiografías, por si acaso.

2 comentarios

jun 25 2010

Recuerdos de infancia: Angelita

Publicado por Sulle en Papeles del Sulle,Recuerdos

Me la crucé una mañana en la puerta del ascensor:

__ ¡Mucha prisa lleva usted!, Angelita

__ ¡Ay!, hijo, es que llego tarde al médico.

Angelita ocupaba el apartamento contiguo al nuestro. Era una anciana menuda, de mirada triste y trato amable. Jubilada como limpiadora en un convento, Angelita vivía sola.

Días después, nos dijo, con frialdad, que tenía cáncer. Murió dos meses más tarde después de una agonía dolorosa. Durante bastantes noches escuché sus lamentos a través del tabique que separaba mi cuarto de su dormitorio. A veces, oí como lloraba con amargura.

El día de entierro hizo calor y estaba la calle desierta. Sólo mi padre, mi hermano mayor y un sobrino de la finada acompañaron el ataúd hasta el cementerio.

Más adelante, supimos que Angelita había entrado en el convento al enterarse que su marido la engañaba, aunque no quiso profesar porque seguía enamorada de aquel hombre, y así pasó su vida lavando la ropa de las monjas.

Cuando Angelita se jubiló, la abadesa le dió un paquete de correspondencia. Eran las cartas que su marido la había escrito durante varios años, y que las monjas decidieron no entregarle. Cartas de amor, pidiéndola perdón, diciéndola cuánto la amaba. Cuando Angelita pudo leerlas, su marido ya estaba muerto.

¡Cómo lloraba la mujer aquellas últimas noches de su vida! Yo, apenas un crío, rezaba, sobrecogido, al otro lado de la pared, pero mi padre, que sabía la verdad, movía la cabeza con una tristeza que sólo años después pude comprender.

Sulleiro

2 comentarios

jun 23 2010

Aforismos desaforados

Publicado por Sulle en Papeles del Sulle

Las ratas de sacristía no muerden en cuaresma

Como era autodidacta, se estranguló con sus propias manos.

Era un fotógrafo muy triste: sólo usaba cámaras mortuorias.

El bilingüismo es bueno para los besos: el trilingüismo es mejor.

Fue un gallego tan cauto que nació en Bilbao.

Murió del riñón y en el periódico publicaron su nefrológica

Ojos que no ven, que con su pan se lo coman.

¡Por el amperio hacia dios!, gritó al electrocutarse

Como eran muy guapas, montaron una casa de apuestas.

Sulleiro

2 comentarios