TIEMPO DE BRONQUITIS
Te estás matando, amor mío,
con un cigarro tras otro,
con esa tos que no cesa
y se hace como música en la noche,
y se hace como nudo entre las sábanas.
Te estás matando y yo muriendo aquí
sin poder darte ya
otro jarabe, otro ruido nuevo
que no sepamos.
Pero lo que me eriza la piel
además de tus caricias,
(esas que cumplen normas
de distancia y de tacto,
esas de once sobre diez,
que no saben de miedo),
lo que me eriza y rompe
y gasta mi reloj,
es tu mirar las curvas de la calle
mientras se van borrando las mías,
es tu forma tan rara de pisar
pisando mi cansancio.
Y es viernes por la noche
y la música suena
con más tos cada vez.
Pero yo sigo aquí.
Marisol Huerta
noviembre 2009
TODO PARECE EN ORDEN
Notar como nos vamos hacia la muerte,
fría losa de nadie
como piedra cualquiera de un camino,
frío humo de nadie
como la niebla cuando se nos mete,
fría sombra de nadie
como la noche que te va ocultando.
Notar como nos vamos hacia la muerte.
Ser como el viejo suelo
que nadie está pisando.
Marisol Huerta
febrero 2010
RESPUESTA DE DIOS A OLGA OROZCO
O A CUALQUIER POETA
Tus palabras sublimes reflejan tu dolor,
van calzadas incluso en el verano
con unas plataformas de filo muy agudo,
y no te das cuenta de que soy más transparente
que tú, que tus progenies tan cultas y profusas,
que tus ardientes hielos y hogueras escarchadas
que se apretujan, velan y bailan un oxímoron
exagerado, como tu código de barras.
Y yo, tu dios, tu verbo, no sé para qué sirvo
si todos los humanos me culpáis de vuestras penas.
Ser dios es aceptar las palabras de poetas
que son como un pan ácimo, plano, desprovisto,
es recibir lo que cada escritor me vomita,
su no entender la vida, sus tejidos, su piel.
Y yo no puedo hacer nada más que recogerlo,
recoger tus fantasmas, tu reloj, vuestras bocas,
y haceros creer que puedo ordenar vuestro caos
y pintar de cualquier color la amapola mustia.
Qué ingenuos los humanos,
como si yo existiese…
Marisol Huerta
enero 2010