Archivo de la categoria 'Papeles del Urceloy'

abr 14 2010

Adiós

Publicado por Urceloy en Papeles del Urceloy

Es verdad, todo ha cambiado. Hace tiempo que no escribo y creo que ya no soy de ninguna utilidad para esta dulce república de Los Proscritos. Me voy, es lo mejor. Os agradezco a todos este tiempo entrañable, generoso y grande que me habeis dejado compartir con vosotros.

Gracias de corazón. Adiós. Hasta siempre.

Jesús

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mar 11 2010

versos cobardes para el niño de la foto

Publicado por Urceloy en Papeles del Urceloy

abrirás tantas puertas
amada amigos míos que hoy me duele
más la necesidad de refugiarme
que esta máscara lenta que esa música

(mi madre está aprendiendo aún a volar)

saldré a morir alguna melodía
en el amor abrazo de un amigo
veo un rótulo gris que parpadea
tras esa puerta ciérrala muchacho
vete a jugar a casa los manteles
se guardaban en un armario viejo
cierra la puerta duerme aquel aroma
a membrillo y madera dile al pánico
que se vaya a otra parte duérmete
Julia no quiere hablar contigo mayo
carece de importancia vete niño

Urceloy - Ávila - Mayo de 1966

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mar 08 2010

Homenaje a Miguel Hernández

Publicado por Urceloy en Papeles del Urceloy

Adjunto, como bien ha hecho Antonia, y espero que el resto de proscritos, el homenaje que le hice al bueno de Miguel en su día. ¡Animo y besos!

Soneto centón sobre versos de Miguel Hernández

pertenecientes a “El rayo que no cesa”


Un pañuelo sediento va de vuelo (5,13)

donde cesa en diez partes tu hermosura, (8,2)

y donde va tu pie va la blancura, (8,7)

ojos de ver y no gozar el cielo. (27, 12)

Y sin calor de nadie y sin consuelo, (29, 17)

con una mano cálida y tan pura (4, 2)

se despedaza y rompe la armadura: (15, 33)

ir a tu corazón y hallar un hielo. (5, 10)

Que en el otoño y en la sangre suena(24,8)

de sollozos de todos los metales (24, 13)

ya la acción corrosiva de la muerte. (Final, 11)

Pero me voy, desierto y sin arena (19, 13)

al desconsuelo de los manantiales, (Final, 4)

a donde ni has de oírme ni he de verte. (19, 11)



Poema 4: Me tiraste un limón y tan amargo…

Poema 5:Tu corazón, una naranja helada…

Poema 8: Por tu pìe, la blancura más bailable…

Poema 15: Me llamo barro aunque Miguel me llame…

Poema 19: Yo sé que ver y oír a un triste enfada…

Poema 24: Fatiga tanto andar sobre la arena…

Poema 27: Lluviosos ojos que lluviosamente…

Poema 29: Yo quiero ser llorando el hortelano…

Soneto Final: Por desplumar arcángeles glaciales…

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mar 03 2010

Sonetín

Publicado por Urceloy en Papeles del Urceloy

Tenaz
no estoy,
no soy,
capaz.

Mi faz
os doy,
me voy
en paz.

Ayer
la cruz
que fue:

No ser
la luz
que amé.

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mar 02 2010

Pajínerías

Publicado por Urceloy en Papeles del Urceloy

Leire Pajín
tiene un cojín
con un delfín
que habla en latín.

Tiene un batín
y un Cine-Exín,
vota a Botín
calza un bombín.

Huele a jazmín,
sale al jardín,
toca el violín,
lee a Tin-tin.

Pone serrín
sobre el pudín,
y al mohecín
llena de orín,

y el muy mohín
dice ¡Jolín,
vaya un trajín!
y echa un chelín.

Toca a Chopín,
y en el bolsín
de su chapín
pone un fortín.

Tiene el chochín
como un flautín,
y con carmín
- ella es muy in.

Y a Valle-Inclín,
que es su rocín,
pasea sin
barba y sillín.

¡Leire Pajín,
sin yan ni yin,
vio a Sanmartín
por Chamartín!

¡Cantó a Machín,
fue a San Quintín,
beso a Arlequín!
Brindó: ¡Chin – chin!

Fui parlanchín
y en su confín
dije, ¿Pajin
tomas un gin?

Dijo,¡A mí, plin!

Fin

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feb 15 2010

La biblioteca amada

Publicado por Urceloy en Papeles del Urceloy

 

                                                        para Marisol

A veces, al buscarte entre los libros
que pueblan esta casa, no te encuentro:
miro entre los estantes una vez
y otra más. Un millón. Hasta me aburro
de mi torpe memoria. Desde el lado
misterioso y sensual de aquel espejo
que hay junto a la entrada, veo a un tipo
igual que yo, que se sonríe. Él guarda
el secreto rincón donde te esconde
de mi búsqueda loca y sin objeto.
Sin embargo sucede que unos días
después llegas a casa, y cuando busco
ya estás aquí. Rebosa cada cuarto
con tu sonrisa abierta, y el sujeto
ese que vive al otro lado pone
cara de circuntancias si le miro.
(Pero es buena persona, me recuerda
alguien que ya conozco vagamente.
Tendré que investigarlo). Tú me llamas
desde un estante, y en silencio indago
el lugar de tu voz. Te veo. Caminan
mis manos por tu piel, abro tus páginas
y me sumerjo en ti.
                                        Y cada lunes
finjo que te has marchado y no te encuentro.

urceloy / febrero de 2010

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feb 14 2010

Vacuum rex nobilis

Publicado por Urceloy en Papeles del Urceloy

Villa de San Segundo, Salvatierra,

León, Santurce, Santander, Logroño,

Fresno de Formigal, Vendrell, Gijón,

Criptana, Tomelloso, Azir, Sevilla,

Cadalso de los Vidrios, Eugui, Soto

de Sajambre, Las Hurdes, Fuentebuena,

Béjar, Ávila, Burgos, Almavida,

Hervás, La Luz, Motril, Carrión, Mortoares,

Santibañez de Tormes, Robrigordo,

Puerto de Santa Cruz, Yepes, Castuera,

Zaragoza, Real de San Andrés,

Calatorao, Calatayud, Arnedo,

Faro, Ayamonte, Onís, Vega del Segre,

Machocano, Getafe, Salvadiós,

y más al norte Noientendelsau,

München, Ansbach, Ginebra, Passau, Freissing,

Markóbendorff, Dachau, Inssbruk, y muchas

donde lloré, reí, canté, hice el tonto,

amé… Pero de todas hoy me quedo

con la pedrada que me dio Manolo

en la esquina de Algodre con Alfaro,

Carabanchel, Madrid, 12 de Julio

(qué inútil la nobleza de las cosas)

de milnovecientossetentaydós.

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jul 06 2009

El whisky de la habitación 214

Publicado por Sulle en Papeles del Urceloy

Para el Lobo, Antonio Rómar y Jesús Cuesta
(Prácticos eméritos del Puerto de Malta)

Como es sabido, si se escribe un mensaje con zumo de limón en una hoja de papel, no quedan señas de él. Pero si se pone el papel un momento cerca del fuego, las letras se vuelven marrones y se puede leer lo que contiene. Imaginad que el whisky es el fuego y que el mensaje es lo más recóndito del alma del hombre: sólo así se comprende lo que vale la bebida de la señorita Amelia. Cosas que han pasado inadvertidas, pensamientos ocultos en la profunda oscuridad de la mente, de pronto son reconocidos y comprendidos. Un obrero textil que no piensa más que el telar, en la fiambrera, en la cama y vuelta al telar, este obrero bebe unas copas el domingo y se tropieza con un lirio en la ciénaga. Y coge esta flor y la pone en la palma de la mano, examina el delicado cáliz de oro y de pronto le invade una dulzura tan intensa como un dolor. Y ese obrero levanta de pronto la mirada y ve por primera vez el frío y misterioso resplandor de una noche de enero, y un profundo terror ante su propia pequeñez le oprime el corazón. Cosas com esta son las que ocurren cuando uno ha tomado la bebida de la señorita Amelia. Uno podrá sufrir o podrá consumirse de alegría, pero la experiencia le habrá mostrado la verdad; habrá calentado su alma y habrá visto el mensaje que se ocultaba en ella.
De La balada del café triste, de Carson Mcullers, Bruguera Libro Amigo, página 18

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abr 30 2008

Adelanto soneto gongorino

Publicado por Urceloy en Papeles del Urceloy

CAJÓN OSCURO PARA JUGUETES ROTOS 

Musa y mujer que al ojo en sombra ofrece
agua y sed llena y en la herida es duda:
rota tu imagen, tu presencia ayuda
inequívoca al ocio. Y no parece 

amor -qué nombre bajo el que no crece
jamás la suerte- y con su juego escuda
ora el labio, ora el pie: ahora la aguda
senda de un trazo que no pierde trece. 

Esta es la siempre habitación del juego:
mujer o rosa que entre el hoy y el luego,
ordenas los segmentos de una huída.

Rama de olvido, condición confusa,
alma sin dueño, si mujer no musa,
si musa no mujer: si boca, vida.

Urceloy / abril de 2008

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abr 27 2008

Pequeño homenaje a Cervantes

Publicado por Urceloy en Papeles del Urceloy

 YO SEÑOR, NO SOY VIEJO

Yo señor, no soy viejo sino viejo el mundo, y más el dolor de lo que he visto y aquello que me ha hecho ver.

Aunque esta primera frase debiera bastaros, sospecho que me conocéis o que de mi habéis oído hablar, y como tal estáis al tanto de lo que quiero contaros; pues aunque es cosa particular, quiero decir que ha sucedido en nuestra aldea, también es universal y ya debe andar en boca de todos, a sabiendas de aquellos acontecimientos que tiempo ha nos hicieron merecedores de alguna fama.

Entonces yo era joven y traté la vida como me vino y no puedo sino bendecir a aquel que me enseñó y amé, y aún después de muerto me sostuvo. De mi boca sólo parten agradeci­mientos, y de mi familia alabanzas, aunque fueron remisos al principio: mi esposa -que Dios tenga en su gloria- que qué diantres hacía yo cre­yéndome tales patrañas, y mis otros hermanos, parientes y sobremesas que bien hacía en quejarme y malo en tomar las de Villadiego. Pero esto fue al principio, que después, aunque esto no se dijo pues así lo dispuso el letrado, supimos que mi señor no era ni tan pobre como pare­cía ni tan mísero como sospechaban: y abiertos los codicilos y leídas las disposiciones tocóme más pastel del que se supo y todo fueron halagos y querencias.

No sé que gusanillo entró en mí, pero tras aquellas aventuras se me vino un ansia por aprender, por dejar no sólo el ingenio que algún cronista quiso otorgarme, sino el recuerdo de que también fui cultivado en mis esperanzas. Pero después de haber aprendido las letras y haber estudiado catones y gramáticas no me dio por la escritura y no lo siento, pues a seguro que hubiera supuesto más dolor para mi y hambre para los míos que glorias y ala­banzas por muy altas que estas hubieran querido parecerse. Es el oficio de escritor cosa de gran placer y mucha dificultad, y de mucha pobreza. Dejé harapos, vendí tierras, y me hice cargo de esta pobre secretaría donde año tras año voy malviviendo, lo que no es poco en estos tiempos.

El caso señor, es que desde un tiempo acá que no puedo precisaros, ese cura y ese barbero andan tras mía pidiéndome que vuelva a los caminos, que les enseñe por dónde anduve o que decida yo por qué lu­gar marchar. Y no me preocupan, no, pues son tan viejos como yo, o aún más, y hay que comprender a los hombres cuando la muerte les va rondando y quieren aferrarse a la vida aún haciendo lo que en otra edad tuvieron en poco. No son ellos, señor: sino ese caduco y siempre bachiller Sansón Carrasco, que me viene y me zarandea, que me turba el sosiego y me interrumpe la siesta, que no contento con mi hija y los nietos que me dio díceme de echarse a los montes, bien de caba­llero andante o de pastor: que me dice le dé mi viejo zurrón y mis anti­guas abarcas, que me tienta el pobre corazón y me anima a irme con ellos por esos campos del Señor. Y lo que más me disgusta: con el loco pro­pósito de componer aldonzas -ya me entendéis- o desmenuzar galateas.

Vos lleváis por acá pocos años aunque no vuestra familia y vuestro apellido os advierte, y en vuestros ojos tristes y vuestras facciones secas, y en esa color que os hace dichosa la boca, y en ese vuestro porte alegre y decidido dais a entender que no pertenecéis a otro lugar y vuestro tío estaría orgulloso sólo con veros. Os pido poco. Sólo quisiera que les hagáis entrar en razón; pues aun­que son buenas gentes parece que la edad les está caducando el seso, y aunque son obse­quiosos, sus continuas visitas más que halagarme me incomodan la pequeña paz y el necesario olvido en que he sabido sus­ten­tarme.

Socórrame pues, señor Quijano, y hagamos de nuevo valer la memoria del que fue su tío y para mí, sin dudarlo, el mejor amigo del mundo.

@ Jesús Urceloy / abril de 2008

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