may 18 2012
Fraternidad
¡Qué bien le sienta el uniforme! ¿Verdad?
Se ve que es uno de esos hombres que sabe hostiar a un niño sin perder la compostura!
J. Sulleiro
may 18 2012
¡Qué bien le sienta el uniforme! ¿Verdad?
Se ve que es uno de esos hombres que sabe hostiar a un niño sin perder la compostura!
J. Sulleiro
may 18 2012
Quizás sea un sueño extraviar para siempre la memoria, y no ser nunca más el niño pequeño de una foto. No ser ni el nieto, ni el sobrino; no ser, jamás, hijo ni hermano.
¡Qué gran sueño: no ser nada vuestro: nada: ni un recuerdo!
El sueño final de no ver vuestros ojos en el fondo de una copa.
(Ya es hora de la pura embriaguez)
J. Sulleiro
may 05 2012
Si lloras sin saberlo
si eres feliz y te engañas
si rezas para que alguien se acuerde de ti.
Suicida tu vida
y nace rebosante de egoismo.
may 02 2012
Dijo el autor que estos últimos poemas suyos fueron escritos con el alma ya inclinada sobre “a beira da vida”. Son, por tanto, lembranzas, recuerdos desde la orilla. En algunas ocasiones, estos versos son el mejor regalo que uno puede hacer. A veces, caen en buena tierra y parece como si aquella voz se encarnara de nuevo. Otras veces, no; y, entonces, sólo cabe poner silencio en las cosas para sentirse llamado.
may 01 2012

Vaciar una casa, abandonarla para siempre, es como deshacer la memoria tejida en común durante los días vividos en ella.
may 01 2012

A veces, tenemos la impresión de ser justamente lo que no aparece en los retratos. Sin embargo, en esta foto hay algo de la radical verdad que algunas cosas guardan. Se trata del paisaje, del río, de la aldea. Ese es el retrato: la infancia: el humo de las casas, los padres sentados a la mesa, y lo perros ladrando en el camino a los extraños.
abr 27 2012
Es un regalo de mi madre
el, a veces, sentirme perdido
y no reconocer mi entorno.
Estoy en un calle,
estoy en Madrid
pero anuncios extraños
en vallas y cristales
me hacen dudar.
Veo un monolito
y mi realidad vuelve.
Es plaza Borrego,
es Buenos Aires.
Todas las ciudades
son, simplemente,
un cúmulo de calles.
Donde, a codazos,
buscamos nuestro sitio
en el metro y en la vida.
Donde todos los entierros
son grises
y los cementerios
masificados.
Todas las ciudades
son, simplemente,
un cúmulo de calles
iguales.
abr 26 2012
Los faroles levantan su voz trémula
al cielo despeinado
Cuidad
Cuidad ardida como un sueño
El corazón del bar canta como un jilguero
Y húmedos de silencio
mis ojos
saltan entre lo vasos
La noche gime extraviada
Pedro Garfias (Grecia 1919)
abr 10 2012
Volví a escuchar el mismo nombre, en un bar ¡qué raro!, esta vez pertenecía a una niña que sonreía descubriendo su trago de realidad. Entonces pensé que hay muchas Alicias porque hay muchas maravillas que descubrir.
El velo negro que me cubre desaparece cuando veo con los ojos de mi hija y siento que no hay nada más agradable en el universo que lo simple: morder un trozo de madera. Que los momentos más felices se sienten mientras esperas que un ser querido te abrace. Y que no es necesario ser fuerte ni rígido para conseguir lo que quieres y tienes a tu alcance.
Cada uno tiene su mundo y perdemos su belleza por cosas tan estúpidas como creer en nuestro trabajo, unas palabras hirientes desconocidas o un desaire de un amigo.
Menos mal que mi Alicia, nuestras Alicias, se encargan de disfrutar de lo que desechamos, guardar en sus ojos esos recuerdos y regalárnoslo con sus miradas.
mar 13 2012
Vas por la calle y ¡coño! aparece un humano. No sabes ni dónde estás ni cómo te llamas, solo sabes que hay un tío mirándote con cara de mala hostia en tu puta cara.
Decides no rayarte y pensar: A ver, no vamos a empezar a tortas tan pronto, por algo me tiene que mirar así.
Empiezas a mirar alrededor y ves una calle casi vacía, ves que está amaneciendo y ves que el tío tiene la misma botella casi vacía que tú.
Entonces todo cuadra. Miras un escaparate.
Todo empezó el jueves al salir del curro. Ahora estás solo, en una calle desconocida y si tener ni puta idea de qué día es. ¿Dónde está tu gente?
Otro fin de semana perdido. Bendita pérdida.
Me acabo de levantar oyendo llorar a la pequeña, y un tío con ojeras de días, triste y derrotado me mira desde el espejo.