Anda uno estos días dándole vueltas a ciertos versos de don Jorge Guillén, como, por ejemplo, aquellos de:
Y el dolor, por asalto, con abuso,
Nos somete a su siniestro poderío,
Que desgobierna al fin un orbe obtuso
De hiel, de rebelión, de mal impío.
Y, como una corriente submarina, me vienen a la cabeza dos versos de Antonia:
(…) no quiero decir más
que aquello que, al callarlo, duela.
Ya en su día le pregunté un par de dudas sobre ellos, que Antonia me aclaró. Pero se ve que la marea de Guillén, – o, al menos lo que yo busco en ella- se acaba mezclando con la corriente submarina de la Díaz Rodríguez.
¿Qué puede ser eso que, al callarlo, duela? O para preguntarlo de otro modo: ¿qué es eso que deja de doler cuando lo hablamos? Le busco una y otra vez la trampa y encuentro varias posibles, pero ninguna me convence.
El dolor -Guillén dixit en su Clamor, Maremágnum- nos asalta con abuso y nos somete en el desgobierno de rebelión, de mal impío. ¿Quién es capaz de expresarse- si no es a gritos- en el momento más intenso del dolor? ¿Quién con hablarlo se alivia? Todos sabemos que el dolor, cuando llega a su fondo, nos petrifica, nos silencia, nos mata o enloquece.
(No créais nunca en las lágrimas y aspavientos del poeta agraviado, ni en lo gritos y alborotos de un o una amante en pleno enfado. No tienen que ver con el dolor. Son otra cosa)
Como bien nos advirtió Urce, de la pérdida -y de su dolor- sólo puede escribirse cuando el tiempo nos ha devuelto la capacidad de mirar a la cara de quiénes éramos cuando nos llegó el dolor. Es verdad: un dolor siempre termina, aunque sea con la muerte o la incosciencia. El sufrimiento, en cambio, no. Se puede sufrir toda una vida. Podemos escribir con sufrimiento, y, por tanto, podemos escribir desde la representación del dolor.
¿Esa es la trampa de los versos de Antonia? ¿Nos escamotea el sufrimiento por el dolor? Entonces sí, entonces me salen algunas cuentas. Escribir desde el sufrimiento es tan natural como decir “te estoy queriendo”: al fin y al cabo, en ambos casos se trata de poner el deseo en relato para que siga existiendo.
Boas noites
Sulleiro